colibrí y saltamontes

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domingo, 18 de abril de 2010

Langosta nº1 - continuaciñon -

Al otro día me desperté tarde como siempre, hice algo para la casa y después de almorzar fui a dormirme la siesta en el sillón del living... estaba en el 5º sueño cuando alguien me toca el hombro para despertarme mientras decía mi nombre, abro un ojo entrecerrado para ver quién era el inoportuno y putearlo si tenía la confianza suficiente..¡Pero era Claudio!
Me levanté en dos segundos! - Claudio...¿qué haces acá? - fue en tono de sorpresa, aunque seguro sonó bastante mal..
- Vine a decirte que nos juntábamos ahora a la tarde en lo de Diego, como nadie tiene tu celular tuve que venir... - me dice medio disculpándose...
- aah, ¡bueno gracias! a qué hora se juntan?
- ahora, en realidad estábamos todos ahí y la única que faltaba eras vos, ¿vamos?
Sonaba medio a cita...osea no, porque no me estaba invitando a tomar nada a ningún lado, pero el hecho de que me hubiese ido a buscar especialmente y que lleguemos juntos me olía a segundas intenciones...
- Bueno dale, me pongo las zapatillas y vamos.

Para ir a lo de Diego había que ir primero al pueblo, y para ir al pueblo había dos caminos: el largo, que era el de autos y el conocido por todos; y el corto, que era un sendero que cruzaba la montaña a lo ancho y que sólo conocía la gente del pueblo y mi familia. Asíque guié a Claudio al camino corto. Era muy raro estar con él caminando uno detrás del otro, y más raro cuando se dio vuelta y sin preguntarme me agarró de la mano... (ahí ya no me quedaban dudas de las 2º intenciones, la pregunta era... ¿cuáles eran las mías?), ni qué les digo cuando de repente interrumpió la charla, me soltó de la mano y se metió entre unos espinillos, cortó algo que estaba bastante alto porque hizo puntitas de pie, ¡y volvió con un jazmín silvestre para regalarme!
Fue muy tierno... ese día la pasamos muy bien! jugando al ping pong y al metegol en lo de Diego, cantando canciones, inventando historias...


Al otro día nos volvimos a juntar todos a la tarde en el bar del pueblo, tres de los chicos tenían que buscar sus caballos en unos corrales que quedaban como a 5 km yendo por el camino de autos... ¡asíque en dos minutos se armó una especie de segunda cabalgata!
Salimos todos haciendo chistes y carreras como siempre, llegamos al corral y nos pusimos a buscar los caballos... pero no había forma de encontrarlos! Nos habíamos galopado todo el campo y nada... en eso, ¡se larga a llover!
No hubo que decir nada, todos sabemos que las monturas se arruinan bajo la lluvia y tampoco es muy lindo que digamos andar mojado, asíque pegamos la vuelta!
La idea era volver todo de un galope, pero en medio de la corrida se ve que se había aflojado mi cincha porque no llegué a galopar ni 10 metros que tuve que frenar porque se me caía la montura!
Me bajé y empecé a desencillar, aunque era lo más lerdo, si se me volvía a aflojar la cincha iba a ser peor; asíque mejor volver a encillar bien el caballo.... obviamente que todos habían desaparecido, pero en eso escucho un galope de caballo que se acercaba... era Claudio!
Sisi, cual héroe de novela volvió a socorrerme:
- ¿estás bien?
- sí, no me caí, pero si no frenaba iba a terminar en el suelo porque se me estaba cayendo la montura...
- A ver ahí te ayudo.
En dos patadas ensilló y cinchó perfectamente mi caballo y me ayudó a montar de nuevo, y para completarles el cuadro cursi, ¡volvimos galopando bajo la lluvia todo el camino!
Desensillamos los caballos, metí al mío en el camino a mi campo, dejé la montura en el bar y me pedí algo caliente como para no enfermarme; mientras Claudio fue a cambiarse (porque él tenía pieza en la Estancia vieja, al lado dle bar) y, cuando volvió, me traía un pullóuver!
Al rato fueron cayendo los demás y en dos minutos se armó un partidaso de pool, pero como éramos muchos nos dividimos en dos equipos... y mientras esperábamos a que terminara el 1º Claudio me tenía abrazada por la espalda... ¡yo me moría de verguenza! No me gusta andar acaramelada al frente de la gente... me da cosita! Pero bueno lo dejé...por un rato!

Langosta nº 1

Era el verano del 2005; empezaba 5º año del secundario en un lejano marzo, pero en el caluroso enero aún estaba muy ajena a ello.
Las vacaciones, como siempre, transcurrían con mi familia en un campo que tenemos a 100 km de la ciudad. Es un lugar especial, de chica lo odiaba porque me perdía cumpleaños y fiestas por ir allá los fines de semana, pero con el tiempo aprendí a quererlo. En realidad hoy por hoy no me imagino cómo serían mis vacaciones sin esos largos eneros entre primos, ni esas cabalgatas bordeando el río, o ese cielo lleno de estrellas! ¡Podría escribir un libro entero sólo hablando de Santa Clara! Así se llama, la estancia y el pueblo que se fue formando a su sombra; a la estancia la compró un viejo antepasado y ha permanecido en la familia desde entonces, heredándose tantas veces que ya no puedo decirles los apellidos de todos los dueños, ni conozco a todos mis parientes... ¡todos los veranos se "descubre" a alguien nuevo!
Bueno el verano del que les hablo fue el de "mi" descubrimiento. He ido a Santa todos los veranos de mi vida, pero siempre me juntaba con mis primos o llevaba alguna amiga para no aburrirme, es decir que no conocía a nadie... Una tarde, estando en el único bar del pueblo comprando golosinas, entra una chica que también pasaba sus veranos ahí con su familia pero que nunca había saludado... era de esas personas que sabes que existen pero que no conoces... y sin pensarlo mucho me acerqué y le dije:
- Hola! Me llamo Petu, siempre te veo por acá, ¿veraneas acá no?
Y ese fue el puntapié que necesitaba, a partir de ahí casi que automáticamente quedé incluida en el grupo santaclarense! La chica se llamaba Rocío, era unos años mas chica que yo y tenía una hermana que me llevaba un año, me presentó a sus amigos de veraneo y yo a mis primos y así se formó la banda: ¡eramos como 15 o 20! y las edades iban desde los 25 hasta los 16, ¡o menos!
Ese verano fue mágico... organizamos una cabalgata para ir a una cascada en medio de las montañas, era sólo para "primos" (como nos decíamos entre nosotros porq, por algún lado, ¡éramos parientes todos!), y para hacerla más llevadera íbamos cantando canciones, haciendo carreritas o juegos al estilo... me acuerdo que el agua de la cascada era helada porque, al ser agua de manantial, venía del centro de la montaña, pero igual nos tiramos y nadamos!
Para la vuelta se nos hizo tarde y la noche se nos vino encima, todos apuraban el paso porque era noche de cuarto creciente y no había mucha luz, pero mi caballo andaba medio manco asique me quedé rezagada... venía charlando con uno de los chicos, un rastudo rubio y de ojos celestes y alma de gaucho, se llamaba Claudio, había empezado y dejado varias carreras, le gustaba la música folklórica y tocar un tambor peruano que él mismo se había hecho... no puedo describir a Claudio en unas pocas líneas, creo que porque ni él sabe todavía como definirse, pero me atraía demasiado su forma despreocupada de hablar y de andar, sus ojos, sus rastas ¡y la sensación de libertad que transmitía el estar con él!
Empezamos a cantar canciones infantiles sin ningún tipo de inhibiciones, ¡gritando más que cantando! y de ahí ya no hubo verguenza para nada, hablamos de relaciones, de la luna y las estrellas, de la vida y de la muerte... y no se cómo pero en dos minutos estaba en casa desensillando el caballo.
Habíamos quedado en juntarnos todos los de la cabalgata en la estancia vieja para hacer un asado, asíque hacia allá fui... Como siempre llegué medio tarde, pero en este caso me convino porque ya casi estaba listo el asado y no tuve que contener tanto tiempo a mi crugiente estómago! Mientras devorábamos algunos sacaron la guitarra y empezaron las canciones, Claudio sacó su tambor y empezó a marcar el ritmo! estábamos cada uno en una punta opuesta del fogón, Claudio estaba semi-parado, golpeando el tambor que tenía entre las piernas mientras el fuego iluminaba justo su cara de indio concentrado... no podía dejar de mirarlo...
Después de un rato nos hartamos de las canciones y cada uno se centró en su charla... Claudio vino a sentarse al lado mío y seguimos la charla de esa tarde, pero después de un rato me reclamó que le hiciera "los masajes que había prometido" (léase: preguntó si sabía hacer masajes cuando estábamso andando a caballo, dije que sí, y él lo tomó como promesa a reclamar), me hice un poco la dura al principio... asíque empezó por hacerme masajes él a mí! jaja y después obvio que no me quedó otra que hacerle yo también!
La noche se pasó rápida y sin que pasara nada de nada..